L’Atelier rouge. Sobre la poética.

Preguntado por un amigo sobre por qué representó las paredes de su estudio de color rojo cuando en realidad eran grises, Matisse (1869-1954) respondió que lo hizo porque el exterior era verde. De esta manera el genio francés demostraba una vez más la capacidad de su pintura para expresar la esencia y no tanto la apariencia de la realidad.

Mediante la relación complementaria entre un interior presente y un exterior más razonado que representado, la obra L’Atelier rouge (1911) nos da un motivo más de los que la convierten en un claro ejemplo poético-pictórico. La poética, concordada mediante la integridad, la consonancia y la claridad de la obra, coloca a esta en un estado más elevado que el artístico, el estado de la civilización y la belleza.

Cada objeto vibra de diferente manera, configurando una especie de construcción mental del espacio(1). Las siluetas de algunos objetos, veladas por el color rojo, ordenan y referencian; mientras los objetos representados en toda su dimensión y color categorizan la percepción del autor. Si supiéramos que había pintado su estudio desde el poder que la memoria otorga a lo que recordamos y cómo lo imaginamos, podríamos decir que lo que no ha pintado no existía para él y que del reloj solo recordó las horas.

Aquí la poética se muestra además como algo que no quiere estilo y así parece afirmarlo el propio Matisse cuando indica que su obra es una mera evocación de lo que la mirada ha producido en él, en un acto que requiere de esfuerzo y en el que “el pintor debe tener simplicidad de espíritu”.

Su obra se construye desde una racionalización (objetiva) de la percepción (subjetiva), de modo que el autor se muestra a sí mismo, siendo verdadero. Por eso, en este caso, podemos volver a restaurar el término pintura en la oración horaciana(2): “La Pintura y la Poesía son dos hermanas que se parecen tanto en todo, que se prestan mutua y alternativamente la una a la otra su papel y su nombre. A la primera se la llama una poesía muda, y a la otra, una pintura parlante”.

(1) De una forma parecida construyeron sus propias especies de espacios autores literarios, también franceses, como Xavier de Maistre, Marcel Proust y Georges Perec.

(2) W. Szambien reemplaza la palabra pintura por la de arquitectura.