Malévich. Dialéctica entre cultura y civilización.
Si oídas melodías son dulces, más lo son las no oídas;
sonad por eso, tiernas zampoñas,
no para los sentidos, sino más exquisitas,
tocad para el espíritu canciones silenciosas.
John Keats (1795-1821) fragmento de Oda a una urna griega.
Se podría decir que las obras más silenciosas, aquellas que niegan el objeto (todos los objetos), y por tanto las más exquisitas de la obra de Kazimir Malévich (1878-1935) no tocan si no para el espíritu. En efecto, el suprematismo, por encima de un movimiento artístico, puede entenderse como un proyecto filosófico que afecta al arte y a sus valores, en un intento de despojarlo de todo lo prescindible y de una búsqueda profunda de sus orígenes.
Desde un punto de vista que separe lo que pertenece a la cultura de lo perteneciente a la civilización, la obra de Malévich queda inequívocamente del lado de la civilización, ya que supone una síntesis suprema del arte (poética) . Pero para comprender su verdadero alcance tenemos que difuminar esa delimitación y entender que el suprematismo nace de una dialéctica entre opuestos. De un lado la figuración y la abstracción, que también representa de alguna manera a los objetos (mundo sensible), y de otro la no objetivación que representa únicamente al ser (mundo suprasensible).
El suprematismo no representa el exterior, no es símbolo, la obra solo se representa a si misma, pero necesita de lo opuesto para entender su significado, lo que ha destilado. La obra de Malévich solo se llega a comprender desde la sucesiva repetición-imitación de modelos vanguardistas que utiliza para lograr un entendimiento de los códigos del arte y posteriormente recodificar en un nuevo sistema.
Hasta el año 1915, su obra atraviesa numerosas etapas, desde sus primeras pinturas naturalistas hasta el cubismo, pasando por el neoprimitivismo, el impresionismo y el futurismo. Su búsqueda termina con el comienzo del suprematismo pero este no se entiende sin esa fase anterior de exploración y paulatina simplificación hasta formas geométricas puras.
Conocida la gramática del arte y sintetizada al máximo, termina volviendo a un estado anterior. La figuración reaparece más tarde, al final de un proceso inverso, casi simétrico que le lleva a realizar obras como su último autorretrato del año 1933, en una línea más próxima a sus primeras pinturas.
¿Dónde se encuentra el más puro Malévich? ¿En la figuración, en la abstracción o en la extrema negación del objeto? Probablemente en la combinación de todas, porque la poética no puede construirse sin dialéctica, solo de civilización o de cultura, si no de un conocimiento y diálogo mutuo entre las dos.
